Cluc Hotel Begur

Nosotros

“Si Begur enamora, el Cluc engancha”

 

Ya hace años que me enamoré de Begur. Todo empezó cuando alquilábamos una antigua masía entre hijos y amigos en la entrada del Pueblo. La restauramos nosotros mismos y la llenamos de vida, con largas sobremesas, muebles y trastos que habían pasado de generación en generación.

Un día, viendo atardecer, me di cuenta de que aquél lugar era mágico. Que tenía algo especial. Quizás sea la luz, quizás el clima, su gente, las calas o los caminos de ronda que resiguen la costa. Quizás sea la tramontana que sopla fuerte y nos golpea la nuca… O quizás un poco de todo. La cuestión es que después de veintidós años de traje y corbata en una multinacional, tuve la oportunidad de dar un vuelco a mi vida y no dudé dos segundos en hacer la maleta e instalarme permanentemente en Begur.

Con paciencia, ilusión y mucho trabajo abrí el hotel, restaurando el edificio pero manteniendo al máximo su esencia original: la estructura, los suelos y las puertas. Algunas piezas del mobiliario las encontré en anticuarios, otras las encargué y otras las compré a buenos diseñadores. Lo más importante para mi es que el Cluc respire sencillez pero también calidad. Y me he esforzado mucho para que tenga todo lo que echaba de menos yo como huésped.

Es bonito ver como los clientes bajan a desayunar con una sonrisa de oreja a oreja, comentan la jugada y me cuentan cosas contentos. Cuando se van, la mayoría deja un comentario o un dibujo en el libro de la entrada. Y todo esto me hace feliz.

Sé que el Cluc es diferente a otros hoteles. Que no tenemos jacuzzi, gimnasio, ni piscina, ni subimos el desayuno a la habitación o hacemos reverencias. Pero también sé que tenemos algo que nos hace ser especiales. Y os puedo asegurar que todo el que viene una vez, repite.

Porque si Begur enamora, el Cluc engancha.

SANTI GUSART